Arts & Crafts, Gran Bretaña, 1850-1914

En el primer tiempo de la Revolución Industrial, los ingleses estaban a la vanguardia del diseño. Muestra de ello es el movimiento de Artes y Oficios, una agrupación de arquitectos y diseñadores progresistas cuyo objetivo era reformar el diseño y la sociedad mediante el retorno a la Artesanía, en respuesta al horror que les producían los primeros objetos industriales, bastante brutos, descuidados y desagradables estéticamente.

El sistema de trabajo de Artes y Oficios se basaba en el taller medieval: el alumno aprendía un modelo establecido y después de lograr la perfección, podía proponer otro modelo que superara al de su maestro. Pero a diferencia del sistema medieval, en Artes y Oficios se unía el arte superior, pintura, escultura, con el arte "servil“, cerámica y grabado, con lo cual se realizaban objetos de gran calidad, que aparte de ser útiles eran muy bellos.

William Morris, líder de este movimiento, era partidario de la simplicidad de la artesanía y sólo aceptaba la mecanización sí ésta producía objetos de calidad y reducía la carga de los trabajadores, ya que él promovía la democracia a través de la artesanía.

Los productos de su empresa, Morris & Co., eran muy caros de hacer y sólo los ricos podían comprarlos. De este modo, el gran problema era que el exceso de preciosismo y delicadeza estética imposibilitaba la masificación del diseño, asunto esencial en el proceso industrial.

Aunque la labor de Morris no tuvo resultados inmediatos a causa de los medios de producción artesanal que utilizaba, sus ideas reformistas ejercieron un impacto fundamental en el desarrollo del movimiento moderno.

“No quiero arte para unos pocos, como no quiero educación para unos pocos o libertad para unos pocos.” William Morris.

El cuestionamiento a los productos industriales, y el planteo de un retorno a la producción artesanal tuvieron en Inglaterra un gran exponente en John Ruskin (1819-1900), crítico de arte, sociólogo y escritor inglés, que rechazó la posibilidad de que los productos industriales pudieran tener valor estético y se opuso a la esclavitud que imponían las maquinas. Postulaba la vuelta a la artesanía creadora de la Edad Media. Exaltaba la Edad Media y rechazaba lo presente.

William Morris (1834-1896), pintor, diseñador, poeta, escritor, artesano y teórico político, se asoció a las ideas de Ruskin en su crítica al producto industral, al que le reprochó su fabricación en serie y su falta de diferenciación. Sin embargo llegó a reconocer que los objetos industriales pueden ser portadores de cualidades estéticas, pero como consecuencia de cualidades artesanales y no de la máquina.

Dentro del campo de la plástica sus actividades se centraban sobre todo, en la decoración de superficies (papeles pintados, telas, tapices, alfombras, etc.) Morris merece especial atención por ser el mayor renovador del diseño en el siglo pasado y uno de los antepasados espirituales del diseño industrial.

Ruskin y Morris están íntimamente vinculados a los orígenes del díselo moderno, pero mientras Ruskin se limitaba a una ardiente crítica a la producción industrial, Morris busca sacar conclusiones prácticas de estas críticas.

Inspirado por las ideas antiindustriales y las enseñanzas de John Ruskin y William Morris, surgió en Inglaterra el movimiento Arts and Crafst (segunda mitad del siglo XIX), como reacción ideológica a las consecuencias de la naciente industrialización en el campo de producción de objetos. Este movimiento se cuestionaba tanto al producto como al proceso.

El movimiento Arts and Crafts intentó resucitar la artesanía y mejorar la calidad del diseño en la Inglaterra Victoriana, e influyó en forma decisiva en toda la producción artesanal desde 1860 hasta la llegada del Art Nouveau, heredero del Arts and Crafts.

Resumiendo las características del mismo, buscaba materializar la unidad de la forma, la función y la decoración. Sus fuentes de inspiración abarcaron, fundamentalmente, el historicismo gótico, con los motivos lineales y orgánicos derivados de su arquitectura, y las formas que ofrecía la naturaleza, que eran vistas como prototipos de orden, simetría y gracia: plantas, avers y otros animales. Las formas tendían a ser rústicas, simples y elegantes, en general sin ornamentación. La forma no debía ocultar la estructura, se buscaba evidenciar la construcción, la obra debía permitir ver el procedimiento de trabajo. 

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